La Revista y Portal Web de Puebla. Director: Roberto Oliva Miranda

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El Callejón del Muerto

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Eran los tiempos de 1785 en una noche más que tormentosa del barrio de Analco, cuando doña Juliana Domínguez, comenzó con dolores de parto y pedía a gritos a una partera. Su esposo, don Anastasio Priego, proveniente de una familia acaudalada y dueños del mesón de Priego, sin dudarlo agarró su sombrero, capa y espada y salió en busca de auxilio.

 

Al ser las tres de la mañana y una noche muy lluviosa, sus ayudantes insistieron en acompañarlo, pero don Anastacio rechazó la idea y ordenó que se quedasen a cuidar a su mujer y organizar todo para su regreso. Corrió hasta la parroquia de Analco alumbrándose únicamente con una lámpara de aceite, cuando a la altura de la calle de Santo Tomás –hoy 5 oriente-  fue sorprendido por un hombre que lo acondicionó exigiéndole el oro o la vida, pero lo que no sabía este desafortunado asaltante, era que el señor Priego siempre se caracterizó por ser muy bueno en esgrima, por lo que no dudó en desenfundar su espada y contratacar a su enemigo, atravesando su corazón con un rápido ataque propinándole la muerte instantánea.

 

Acto seguido y preocupado más por la condición de su mujer, olvidó lo ocurrido y continuó su trayecto en busca de una partera. Una vez conseguido la ayuda, regresaron por el puente de Ovando evitando pasar por el mismo rumbo; cruzaron la plazuela de Analco y llegaron de nuevo al Mesón. El parto fue un éxito y recibieron a dos gemelos. Al finalizar su trabajo, don Anastasio acompaño a la partera por la curiosidad de regresar al lugar del crimen donde yacía el cadáver del hombre rodeado de curiosos que oraban por su alma, inaugurando la calle desde este momento como “el callejón del muerto”.



 

Tiempo después, en el atrio del tempo de Analco, un hombre se acercó al sacerdote exigiendo desesperadamente que lo confesara, el padre al ver la reacción del hombre optó por aceptar sus indulgencias. Las horas pasaron y el sacristán del templo preocupado, echó un vistazo al confesionario para cerciorarse de que todo estuviera en orden. Al llegar, se encontró con la sorpresa de que el padre y el misterioso hombre habían desaparecido.

 

Al día siguiente el padre faltó a su misa habitual y tanto el sacristán como el párroco, alarmados acudieron a su casa descubriendo que se encontraba muy enfermo de tifus, por lo que decidieron confesarlo. El padre les reveló que había dado absolución a un hombre que había muerto hace mucho tiempo y como estaba penando, llegó con el permiso de Dios a buscar perdón y descanso eterno. El impacto tan fuerte que resultó ver a un muerto desaparecer, fue motivo por el cual el padre murió al día siguiente.

 

Se dice que a altas horas de la noche, el espíritu del asaltante suele propinar varios sustos a curiosos o desafortunados que se encuentran atravesando el callejón, enalteciendo aún más una de las leyendas más vivas de la ciudad de Puebla.



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