La Revista y Portal Web de Puebla. Director: Roberto Oliva Miranda

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¿Cómo era la vida conventual poblana?

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Puebla es una de las grandes ciudades novohispanas y, por lo tanto, su vida religiosa era de gran importancia para la sociedad de la época. Lo anterior era un hecho particularmente cierto en lo que se refiere a la vida conventual poblana, la cual cumplía con varios propósitos y funciones para las mujeres que llevaban este estilo de vida.

Para entender acerca de la vida conventual poblana, primero hay que entender cómo funcionaban estos lugares. Se encontraban organizados y dirigidos por una priora o superiora, la cual era elegida por sus demás compañeras y era la encargada de regular todas las actividades del convento, que iban desde logística –como conseguir los recursos del mismo– hasta para solucionar cualquier problema.

Retrato de la vida conventual poblana



Existían varios requisitos para que una mujer pudiera formar parte del convento: debía estar bautizada, se debía garantizar la pureza y virtud de su sangre, hacer claro su deseo de entrar al convento, tener buena salud y que su familia pagara el dote para que así se pudiera costear su sustento.

El primer tiempo de estadía de una nueva integrante se conocía como noviciado y tenía un año de duración. Aquí, la mujer debía aprender las reglas del lugar, las constituciones del monasterio y familiarizarse con el carisma de la orden. Una vez transcurrido este lapso, se realizaba la ceremonia de profesión, el cual simbolizaba el abandono del mundo exterior en su totalidad. Esta era la única ocasión en que la monja era vestida con prendas lujosas, pues representaba su atuendo como novia de Cristo. Posteriormente, se cambiaba de ropa y es en ese momento cuando profesaba sus votos de castidad, obediencia, clausura y pobreza. Su cabeza era adornad con una corona de flores de cera, la palma y un anillo nupcial mientras profesaba esos votos. Finalmente, se le colocaba un velo negro y una corona de espinas para así renunciar a su nombre de nacimiento y cambiarlo por uno que pudiera reflejar sus devociones particulares. El retrato de esta monja coronada se entregaría a su familia como el sustituto de su presencia terrenal.

O, al menos, lo anterior era el ritual para aquellas que tomaban los votos. Aquellas que ingresaban al monasterio sin deseos de esto entraban en calidad de mozas. Fue así como niñas, españolas pobres, criollas, mestizas y negras formaron parte de la vida conventual poblana para acompañar y servir a las religiosas.

El último momento importante de las religiosas en un monasterio era la muerte, pues representaba su unión final con Cristo, por lo que eran amortajadas y después llevadas al coro bajo. Aquí el cuerpo era velado por 3 días hasta ser enterrado ahí mismo.



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