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La leyenda de la Dama de San Simón Tlanicontla

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A comparación de la mayoría de historias que toman vida en este territorio, la leyenda de la Dama de San Simón Tlanicontla se llevó a cabo en años recientes. Todo comenzó en la carretera que va de Huejotzingo a San Simón Tlanicontla (hoy conocido como Domingo Arenas). La zona, muy cercana al Popocatépetl, se hizo de una fama escalofriante y terrorífica por el desenlace del siguiente relato.

Una dama en peligro

Cuenta la leyenda que un día, Anacleto, un taxista de profesión, circulaba por la carretera antes mencionada. Con la mirada fija al frente por la poca luz de noche, vio desde lejos a una hermosa joven parada en plena carretera bajo el manto de oscuridad e iluminada sólo por la luz de un faro. La mujer tenía una larga cabellera que llegaba hasta su cintura y portaba un vestido negro con unas manchas blancas.

La leyenda de la Dama de San Simón Tlanicontla

Anacleto frenó su coche y se acercó a la joven misteriosa para preguntarle: señorita ¿puedo llevarla a su casa? Ante la nula respuesta, volvió a ofrecerle su ayuda pero de nueva cuenta no obtuvo respuesta. De pronto, la dama comenzó a caminar hacia las faldas del volcán. El taxista volvió entonces a su coche y comenzó a seguirla. Extrañamente, entre más se acercaba, la joven parecía ir más rápido como si flotara.

Hambre de corazones

Luego de recorrer varios kilómetros, ambos llegaron a una zona boscosa y escasamente iluminada. Al alcanzarla, Anacleto se dirigió hacia ella. Al verla de frente, se dio cuenta que su rostro era de una yegua y en vez de pies tenía cascos. Sumamente aterrorizado, el taxista volvió a su coche y trató de escapar. Sin embargo, la dama se había  convertido en una enorme yegua pinta que no lo dejaba avanzar. Sin pensarlo dos veces, el asustado hombre decidió arrojar su coche al animal y golpearlo para salir de ahí. Inexplicablemente, y luego de haberla arrollado, la yegua había vuelto a su forma de mujer y se encontraba en el piso.



La leyenda de la Dama de San Simón Tlanicontla

Anacleto volvió despavorido al pueblo y contó su historia a todos sus conocidos. Se dice que la mujer aun se puede ver sobre la carretera esperando a hombres que se ofrezcan a llevarla. Aunque también se cuenta que hay personas que no tuvieron la misma suerte que Anacleto y terminaron con una profunda mordida en el pecho, como si alguien les hubiera arrancado el corazón. Así nació la leyenda de la dama de San Simón Tlanicontla.

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