La Revista y Portal Web de Puebla. Director: Roberto Oliva Miranda

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La leyenda del Puente de los Duendes

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Entre más se alejan de las capital, más horripilantes y escalofriante se vuelven las leyendas poblanas. Tal vez sea por los recónditos escenarios en tenebrosos bosques o sus personajes cubiertos de espeluznantes intenciones. Cual sea la razón, estas historias retumban en los pobladores como parte de sus tradiciones envueltas en placentero horror. Una de las más mencionadas es la leyenda del Puente de los Duendes. Una macabra estructura localizada en la Sierra Mixteca donde habitan seres indeseables.

De gallinas y demonios

Ubicado en el municipio de Tehuacán, el Puente de los Duendes es un lugar mencionado por la gente con la advertencia de alejarse de él. Dicen los escalofriantes rumores que aquí habitan pequeños seres de pensamientos perversos. Su único propósito es atraer a la gente para arrastrarlos a su guarida.

Vista de un duende

Una de los relatos más mencionados es la fatídica historia de Don Pablo. Cuenta la leyenda que una noche, el campesino se dirigía a su casa luego de una noche de copas. Al llegar a su morada, sintió una corriente de frío que congeló todo su cuerpo por lo que salió a mitad de la noche a buscar leña para calentar su hogar.

Con la madrugada cayendo a sus espaldas, Don Pablo apresuró su búsqueda evitando cualquiera situación peligrosa. Estrepitosamente, se percató de la presencia de un ser entre los matorrales. Al acercarse al origen de aquellos chirriantes ruidos, notó que una gallina grande y gorda se encontraba perdida en la zona. Al verla, su miedo viajó  directamente a su estómago imaginando una deliciosa cena por lo que decidió atraparla.



Vista del Puente de los Duendes

Caminos indeseados

Sin percatarse del lugar a donde se dirigía, Don Pablo siguió a la gallina con deseo de comer. Al estar a punto de capturarla, el astuto animal corrió a un extremo del escalofriante Puente de los Duendes. Ese lugar advertido por viejos y niños donde nadie debería acercarse. De pronto, el campesino dejo de tener el control de su cuerpo y un sentido de adormecimiento se apoderó de él.

En contra de su voluntad fue conducido hacia la oscuridad del puente donde comenzó a escuchar risas malvadas y ruidos escalofriantes. Pudo ver entonces que aquella gallina se convertía en un pequeño hombre que lo veía con ojos de terror y una risa malintencionada. Fue entonces que Don Pablo pudo salir del trance por un segundo.  Con un esperanzador esfuerzo gritó: Padre nuestro, si mi carne es para los demonios, al menos deja que mi alma este contigo en el paraíso.

Vista del Puente de los Duendes

Al escuchar estas oraciones de lamento, las horribles criaturas chillaron en reacción de dolor intentando atacar a la pobre víctima. Sin dudarlo un segundo más, Don Pablo vio su oportunidad de escapar y con el último aliento que le quedaba, corrió. A la mañana siguiente, el campesino se encontraba tirado sobre el campo pensando que su horrible experiencia había sólo un mal sueño. Desafortunadamente no lo fue, sus piernas se encontraban desgarradas y ensangrentadas con dirección al puente. A rastras y apresurado huyó hacía su hogar intentando olvidar tan escalofriante vivencia que aún lo sigue atormentando. Esta es la leyenda del Puente de los Duendes.

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