La Revista y Portal Web de Puebla. Director: Roberto Oliva Miranda

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La leyenda de la cueva del tiempo de Teziutlán

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El vasto territorio poblano es hogar de millones de historias heredadas de padres a hijos y de abuelos a nietos. Éstos relatos forman parte de nuestro panorama folclórico en donde un solo propósito sobresale: la trascendencia. Uno de los más populares y escalofriantes se desarrolla en la Sierra de Puebla y es conocido como la leyenda de la cueva del tiempo de Teziutlán.

El ojo del diablo

La región de Teziutlán fue habitado por grupos indígenas durante sus primeros años de vida. Esta región se encuentra dentro de la Sierra Norte del estado donde existe el cerro Ozume. Un lugar inhóspito donde cobra vida la leyenda de la cueva del tiempo de Teziutlán. Cuentan los pobladores que en ese lugar habían ocurrido miles de tragedias por lo que nadie se atrevía a acercarse.

Cueva del tiempo de Teziutlán

En ese entonces, un joven llamado Silverio, decidió aventurarse a conquistar este sitio al que nadie se atrevía a llegar. Silver, como le decían sus amigos, dejó a un lado todo el temor y sólo quería descubrir que había al fondo de esta incógnita cueva. Armado con unos ocotes, un morral y un recipiente de agua, se embarcó durante un largo viaje de días. Cuando finalmente llegó, recordó lo que le dijeron sus amigos: debes salir antes de que la luz se ocultara o quedaría atrapado en la oscuridad.

Un camino de muerte

Durante su camino, se encontró con enormes paredes de profunda oscuridad que parecían tragárselo. Silver se armó de valor y siguió su camino hasta encontrarse con el tesoro que tanto anhelaba. Frente a sus ojos, se hallaba un enorme montón de joyas, monedas y objetos de gran valor. Sin embargo, el esfuerzo que requirió le hizo caer de cansancio y se quedó dormido. Al despertar, se dio cuenta que una red de telarañas cubrían su cuerpo pero sin prestarles atención, salió despavorido de la cueva con la mayor cantidad de objetos que pudo recoger.



Cueva del tiempo de Teziutlán

Al salir de tan escalofriante lugar, se dio cuenta que el panorama lucia diferente. Extrañado por lo que veía, prosiguió su camino hasta su natal pueblo y aterrorizado se dio cuenta que todo era diferente. De inmediato buscó a sus padres pero lamentablemente habían muerto. Milagrosamente, logró encontrar a uno de sus antiguos amigos quien estaba viejo y a punto de morir. Cuando Silver le preguntó qué había pasado, su amigo le contestó con la misma pregunta. De pronto se dio cuenta que sus manos parecían como el de un hombre de 90 años. Cansado y aterrorizado, Silverio se dio cuenta que tantas riquezas la costaron toda una vida que no pudo disfrutar. La lección de la leyenda de la cueva del tiempo de Teziutlán atormentó a Silver el resto de sus días.

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