La Revista y Portal Web de Puebla. Director: Roberto Oliva Miranda

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El milagroso Señor de las Maravillas

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El Cristo de la Caída, mejor conocido como el Señor de las Maravillas, que se encuentra en la Iglesia de Santa Mónica de la ciudad de Puebla –entre la calle 5 de Mayo y la 18 Poniente, en pleno Centro Histórico– es una de las figuras religiosas más importantes no sólo para los poblanos, sino para muchos católicos que vienen año con año a visitarle en diferentes fechas.

Tan famoso se ha hecho por ser uno de los más milagrosos, que rara vez es posible acercarse de inmediato a la urna de cristal donde éste descansa y hasta donde llegan a colocar flores y diversas ofrendas. De hecho, hasta hace muy poco era posible colocar una veladora a su lado, sin embargo –tras un aparatoso incidente que abrasaría parte del recinto y que dejó intacto al Señor de las Maravillas– los cuidadores del templo decidieron prohibir el fuego dentro del recinto.

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La fama del Señor de las Maravillas se remonta a una popular leyenda que, aunque no nos ubica en el tiempo exacto, asegura que una mujer solía visitarlo a menudo para pedir por su esposo, quien se encontraba preso, hasta que éste finalmente fue liberado.

En el transcurso, la esposa del prisionero conoció al compañero de celda de su marido, quien era un hombre solitario al que aprovechaba para llevarle comida. Al salir de prisión su cónyuge, la mujer no dejó de frecuentar al ex compañero para poder llevarle alimentos.



Harto de dicha situación, la pareja de esta mujer la interceptó cuando iba de camino a la cárcel para cuestionarle el por qué iba regularmente a visitar a quien alguna vez fuera su compañero de celda. La dama negó dicha versión y explicó que se dirigía a ver al Señor de las Maravillas para dejarle maravillas, asegurando que eso era lo que llevaba en su canasto y no comida.

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Con puñal en mano y listo para asesinar a su esposa, el marido destapó la canasta y miró asombrado las flores, lo que ratificaba la versión de su señora. Impactada ante tal milagro, la dama en cuestión decidió confesarle la verdad y desde entonces ella y su marido acudían regularmente a entregar las maravillas al Señor.

Esta versión se ha contado de boca en boca a través de varias generaciones y ha ganado tal fama que ha logrado romper las barreras del tiempo y el espacio, esparciéndose por todo México y atrayendo a miles de feligreses que vienen a pedir por causas de gran dificultad, que aseguran son la especialidad de este Cristo.

Si has visitado alguna vez al Señor de las Maravillas, no dejes de contarnos tus experiencias y dinos qué milagro te ha concedido y qué maravillas le has prometido; de esta manera mantendremos una leyenda viva, la cual es orgullosamente poblana.

 



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