Ayocotes, un singular manjar poblano

Presentes en las mesas de las casas poblanas, en sus campos y las fiestas de Navidad, los ayocotes son sin duda, un singular manjar que pocas personas, fuera de Puebla, han sido dichosos de probar. Y es que su simple tamaño, figura, color, y por supuesto, sabor, lo han hecho un tesoro poblano.

Los frijoles de Puebla

El ayocote, del náhuatl ayecohtli, que significa “frijol grande”, es una de las tantas variantes del frijol mexicano. Fue domesticado hace miles de años y suele hallarse en una gran variedad de tonalidades que van del amarillo hasta el amoratado. Aunque no es específicamente propio de Puebla, sí fue aquí donde mejor se ha atesorado de una forma inigualable. Su tamaño puede variar según la región y puede alcanzar hasta 4 centímetros de largo por 2.5 de ancho y 1.5 de grosor.

Ayocotes

También se le suele llamar como ayecote, patol, pak y cimarrón. En algunos lugares suelen ser cocinados como sustituto de la carne por sus altos niveles de proteína. Su forma de preparación cambia de casa en casa, usando las viejas recetas de la familia. Hay quienes gustan comerlos de la forma tradicional, enteros y en su versión caldosa. Otros prefieren comerlos molidos y embarrados en la masa para hacer tamales.

ayocotes

Da igual que sea en crema, con carne de puerco, arroz o en pasta, como los frijoles refritos; los ayocotes dejan un perfumado y sedoso sentido al paladar. Son infaltables en la noche del 24 de diciembre y en posteriores días. Y aunque se pueden comer sin algún acompañante, los chipotles rellenos son su complemento ideal.

ayocotes

Aunque suelen consumirse en gran manera durante diciembre, es posible conseguirlos fuera de temporada y disfrutar de su sabor en cualquier fecha. No por nada, se han vuelto una especie de caviar que Puebla presume con orgullo.

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