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La leyenda del doliente de San Diego Cuachayotla

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En los vastos territorios del Pueblo Mágico de Cholula, se encuentra un lugar que esconde una de las leyendas más aterradoras de la tradición poblana: el doliente de San Diego Cuachayotla. Esta historia, salpicada de gritos y horror, forma parte del pasado de la región que sigue resonando en la actualidad.

Gritos que marcan la piel

La leyenda del doliente San Diego Cuachayotla nació en la década de los 40 en la avenida llamada Camino Real. Esta vía era un punto de encuentro entre las comunidades de San Matías Cocoyotla, San Sebastián Tepalcatepec, San Juan Tlautla, Santa María Zacatepec y el antes mencionado.

En aquella época, la fábrica de tejidos de San Diego, era el sitio de trabajo más importante de la zona. Cientos de trabajadores laboraban todos los días en el lugar mediante dos turnos. La mayoría de ellos, al terminar su horario, caminaban hacia sus casas con rumbo al templo de San Diego Cuachayotla. En una ocasión, al llegar al santuario poblano, los gritos inconsolables de un niño rompió la calma de la caminata y sembró un miedo encarnecedor en cada uno de ellos.

leyenda del doliente de San Diego Cuachayotla

A pesar de aquel espeluznante episodio, intentaron buscar el origen de aquellos escalofriantes gritos sin suerte alguna. El rumor sobre lo que pasaba en este lugar se corrió rápidamente haciendo que la gente corriera despavorida al escuchar los gritos. Los más valientes, al intentar buscar el origen, terminaban con convulsiones.

Un objeto con vida propia

Luego de tantas búsquedas, hallaron al fondo de una acequia, a un muñeco de trapo con clavos incrustados en todo su cuerpo. La gente intentó sacar al juguete de inmediato pero aquellos que se acercaban, caían desmayados por una fuerza desconocida. Al día siguiente, se pidió el consejo de un sacerdote quien sugirió que un exorcismo sería la mejor opción.



leyenda del doliente de San Diego Cuachayotla

El religioso decidió también asistir al lugar para ser testigo de lo que la gente decía. Al llegar a la acequia, dio inicio a diversos rezos hasta que el misterioso muñeco comenzó a expulsar gruñidos desde la garganta. Repentinamente, el juguete de trapo se retorció de forma violenta y lanzó una serie de groserías así como obscenidades contra al sacerdote. El clérigo no se detuvo y arrojó agua bendita sobre la figura poseída. Finalmente, este golpeó con una palma bendita a la figura hasta hacerla pedazos.

Sin miramiento alguno, el sacerdote ordenó que se hiciera un hoyo profundo para enterrar los restos del muñeco. A pesar de este terrible suceso, muchas personas señalan que los gritos y lamentos se siguen escuchando en la actualidad. La leyenda del doliente de San Diego Cuachayotla continua sembrando miedo en los pobladores de Cholula.

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