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La romántica leyenda de la neblina de Zacatlán

La romántica leyenda de la neblina de Zacatlán

Antes de la llegada de los españoles a lo que era la antigua provincia de Zacatlán, en esta región vivía una hermosa mujer, de grandes ojos soñadores y cabello negro. La leyenda de la neblina de Zacatlán cuenta que esta dama constantemente recordaba la partida de su amado, quien había ido a la guerra para ayudar a Nezahualcóyotl a que recuperase su reino de Azcapotzalco.

Una promesa de amor

La mujer soñaba triste, recordando el sabor mágico de los labios que hace tiempo partieron. Caminaba con los ojos abiertos en la esperanza de un regreso venturoso de su amado. Recordaba aquella tarde en que se despidió de él, entre palabras llenas de triste esperanza y desconsuelo. Ella no trató de impedirle la dolorosa partida, pues sabía que solo los hombres valientes tenían cabida en el corazón de su pueblo. “Yo te esperaré por siempre, cuan largo sea el viaje, te esperaré siempre ¡lo juro!”, le dijo.

La neblina de Zacatlán es como un mar de inmensidad.
Foto: scoopnest.com

Pasó mucho tiempo y en sus ojos tan negros y bellos, siempre vivió la tristeza de un alma tan sola. Todas las tardes caminaba por los senderos que recorrió con su amado y llegaba al balcón de sus citas ansiadas, soñando con el regreso. Una mañana, bajó a la plaza donde se gestaba un gran alboroto; supo de inmediato que los guerreros habían regresado. Sin embargo, ella por más que buscaba sobre los hombros de los varones luchadores, no pudo hallar la figura de su amado. Un agudo dolor le traspasó el corazón cuando se enteró de la muerte de su guerrero.

Neblina de Zacatlán, un mar de inmensidad

La leyenda de la neblina de Zacatlán relata que la doncella pasó los días llorando. Una tarde de invierno, se levantó del sitio de su pesar y, en acción resuelta, invocó a los dioses y les ofreció su vida. No pensó en nada y se arrojó al profundo barranco del balcón aquel de sus citas soñadas. A la mañana siguiente, el barranco estaba lleno de neblina. Poco a poco fue ascendiendo aquel blanco maravilloso y hasta extenderse por la región de Zacatlán.

Y entonces todos supieron que la doncella no solo se presentaba en aquel mar de inmensidad. Sabían cuando estaba triste y lloraba, poniéndose sombría. Si estaba alegre, cantaba y calentaba con el aliento cálido de su voz. Cuando bajaba para tocarlos con la suavidad de su piel, se daban cuenta de su textura, de su forma y aroma. Ella era y es desde entonces la neblina de Zacatlán que todos conocemos.

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Foto de portada: twgram.me

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