La Revista y Portal Web de Puebla. Director: Roberto Oliva Miranda

Los engrillados de Atlixco: fe al limite

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El doloroso tintineo de las cadenas chocando entre sí y los rezos de cientos de hombres son los únicos sonidos que se perciben cada Viernes Santo en este municipio. El sol se encuentra en su plenitud y el camino recién empieza. Un recorrido de cinco kilómetros en donde el dolor se convierte en el principal aroma que inunda las calles de este lugar. Es la Procesión del Silencio, el desafío de fe más grande para los llamados engrillados de Atlixco.

Tradición centenaria

Llevado a cabo cada Viernes Santo durante la Semana Santa, la Procesión del Silencio cuenta con más de 100 años de tradición. Se dice que un hombre llamado José Muñoz Pedraza fue el iniciador de este evento marcado por los lamentos y el dolor que se expresa en cada paso. Todos los participantes, mayores de 18 años, se preparan mental y físicamente durante meses para soportar el recorrido. Algunos realizan arduos entrenamientos además de recibir pláticas así como lecturas de la Sagrada Escritura para alistarse espiritualmente.

engrillados de Atlixco

Cubiertos del rostro, semidesnudos y descalzos, los engrillados de Atlixco inician su camino desde el templo de la Tercer Orden. Los participantes se colocan grandes cadenas que llegan a pesar 50, 70 y hasta 100 kilogramos. Además de esta carga, los penitentes soportan una gran cantidad de espinas clavadas en diversas partes de su cuerpo. Estos trozos de nopal se caracterizan por tener largas puntas que son traídas desde el municipio de Tepeojuma.

Los caminos del dolor

Los caminos de Atlixco se cubren con alfombras decorativas elaboradas son aserrín fresco. Aquí caminan los participantes implorando el perdón a través del dolor. En sus manos llevan una bandeja de limones, lo único que pueden “tomar” para evitar la deshidratación. Cada engrillado es acompañado por un par de familiares para ayudarlo en caso de ser necesario. El recorrido cubre las 14 estaciones del viacrucis hasta llegar al templo de San Francisco.



La mayoría son oriundos de Atlixco aunque también participan personas provenientes de municipios vecinos y en ocasiones, de Estados Unidos. Al final de la procesión, y después de retiradas las cadenas así como las espinas del cuerpo, los hombres salen del santuario libres de pecados y listos para mirar hacia arriba.

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