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Mihcailhuitl, la fiesta de los muertos de Puebla

Mihcailhuitl, la fiesta de los muertos de Puebla

La fiesta de Día de Muertos es sin duda una de las tradiciones más especiales e importantes en la vida del mexicano. Tal es el impacto de esta temporada, que en años recientes, se ha convertido en un elemento admirado por todo el mundo. Sin embargo, y lejos de las tradicionales fiestas que hoy todos pueden ver, existen otros rituales escondidos y protegidas en pequeños poblados del país. Una de estas es el Mihcailhuitl, una autentica festividad de muertos en Cuacuila, Huauchinango, donde las raíces prehispánicas de nuestro país se sienten hasta los huesos.

Tradición prehispánica

A diferencia del tradicional Día de Muertos, el Mihcailhuitl es más una festividad religiosa que una “celebración”. Fue acuñada desde los inicios del México prehispánico y unas de sus principales características es la duración: cuarenta días, dos “veintenas” de su antiguo calendario. Estos periodos eran llamados Micailhuitontli, que significa, “la pequeña festividad de los muertos”, y Xocotl Huetzin (la caida de los frutos), también llamado Huey Micahiluitl.

Se cree que estas fiestas se realizaban en temporadas lejanas a la actual temporada de muertos: entre julio y septiembre. En el primer periodo, se conmemoraba a los niños inocentes muertos. Mientras que en el segundo, se recordaba a los muertos adultos. En ambas fiestas, los participantes solían ofrecer cacao, cera, aves, semillas, copal y comida. De igual manera, se danzaba y cantaba en los patios de los templos hasta bien entrada la noche.

Foto: chilango.com

Hoy en día, y con la diversificación de diversas historias y mitos relacionados con el Día de Muertos, el Mihcailhuitl ha perdido valor histórico, aunque existen diversos sitios en el centro del país que siguen conservando estas prácticas. Tal es el ejemplo de Cuacuila, Huauchinango, en la Sierra Norte de Puebla, lugar donde se sigue representando esta mágica tradición.

Puebla de “muertos”

En la región, se suele “celebrar” esta fiesta mediante un altar decorado con elementos como el patzcalli (platillo elaborado a base de pipián y chile guajillo), mole con guajolote, tamales de alverjón, frutas de temporada (naranjas, mandarinas y plátanos) y arcos de cempasúchil. Los arcos que rodean las orillas de la mesa, son adornados de indumentarias femeninas y masculinas. La presencia de tales elementos responde a que en la cosmovisión de los nahuas de Cuacuila, en el mundo de los muertos, el difunto tiene las mismas ocupaciones que en su vida terrenal, es decir, posee una pareja, casa, parientes, compadres; come, duerme y trabaja; cumple con obligaciones colectivas y asiste a rituales.

Foto: Twitter

El Mihcailhuitl es también una celebración de tipo agrícola ya que marca el cierre de la cosecha. Del 31 de octubre al 1 de noviembre, se honra a los niños y adultos muertos como en otros sitios del país. Sin embargo, el día 2, se realiza el icónico intercambio de ofrendas. Este consiste en recoger elementos del altar y guardarlos en una canasta tapada con una servilleta bordada. Los integrantes de la familia, llevan esta canasta a la casa de algún pariente. En reciprocidad, esperan en su casa la canasta de otra familia durante el día.

Foto: Twitter

Actualmente, esta fiesta continúa siendo una de las celebraciones más importantes para los habitantes de esta parte del estado de Puebla. Una prueba de que las grandes tradiciones nunca mueren, y menos en este territorio.

Continuar leyendo: Prepárate para el Festival La Muerte es un Sueño

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